Consideraciones a la luz del bicentenario del natalicio de Cecilio Acosta - Henys

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Consideraciones a la luz del bicentenario del natalicio de Cecilio Acosta


Por; Henys Peña (10/01/2018).

Este primero de febrero se celebrará el bicentenario del nacimiento de Cecilio Acosta, y con este segundo artículo cerramos este tema. Escribimos antes, procurando colocar en perspectiva su desencuentro con los federales y el General del Pueblo Soberano, Ezequiel Zamora, explicando este desencuentro, como un rechazo a la guerra como forma de resolución de diferencias, impregnado del “civismo” que cobraba relevancia en su momento, en contraposición del modo “manu militari” del que la república padecía desde su nacimiento, y por ende prácticamente todo el tiempo vivido por Cecilio Acosta.

Si bien pudo terminar al servicio del presidente Antonio Guzmán Blanco, de seguro la carga de este  autócrata ilustrado le resulto repugnante, al final, su opción, pasa a ser una especie de “tercera vía” de su tiempo, ante la irresoluta guerra federal, en la que formalmente resultan vencedores los federales, pero en la práctica conduce al establecimiento de un gobierno centralista, dejando ningún espacio de maniobra o de gobierno real a los “estados”, que tendrán gobernadores designadas desde Caracas por los presidentes de turno, y poca o ninguna fuente de ingresos propios.

Se recreará Cecilio Acosta, en los oficios de escritor, periodista, abogado y filósofo, embriagado de humanismo, haciendo de la docencia y sus ideas en este tema, un parlante que le proyectará más allá de la muerte.

Si bien alaga, al ver “precoces maravillas” en los Estados Unidos, el fondo de su argumento es “No hay duda: quien anhele alcanzar felicidad, ha de vivir con el género humano; y para no ser, aún en medio de él un desterrado, poseer su pensamiento, es decir, poderlo leer y escribir. De esta manera, todo inventan, obran y labran para cada uno, cada uno labra, obra e inventa para todos, y se puede comer, al precio de corta moneda, en un banquete aderezado por muchas manos y costeado con el tesoro de muchos”.

Inevitable recurrir al lugar común, con que se apellida a quienes no son escuchado en su tiempo, fue el suyo un pensamiento “precoz” para su tiempo, aunque también podríamos decir, que es la republica la que, al no escucharle a tiempo, se condena a repetir los errores, al no aprender de los aciertos de sus planteamientos.

Inevitable entonces repetir con él "Enséñese lo que se entienda, enséñese lo que sea útil, enséñese a todos; y eso es todo. ¿Qué gana el que pasa años y años estudiando lo que después ha de olvidar, porque si es en el comercio no lo admiten, si es en las fábricas tampoco, sino quedarse como viejo rabino entre cristianos? ¿Hasta cuándo se ha de preferir el Nebrija, que da hambre, a la cartilla de las artes, que da pan, y las abstracciones del colegio a las realidades del taller?" (Cosas sabidas y cosas por saberse, 1856).

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