América como concepto - Henys

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América como concepto


Por; Henys Peña (25/01/2018).
Sería excesivamente mecánico limitar este texto a comentar y reflexionar a su vez sobre el artículo “La americanidad como concepto, o América en el moderno sistema mundial” de Aníbal Quijano e Immanuel Wallerstein, publicado en la revista Internacional de Ciencias Sociales en diciembre de 1992 (Unesco), tentación a la que cederemos al final, pero antes incorporaremos algunos datos e ideas que sirvan para ampliar el horizonte de lo expuesto.
En este ejercicio de insertar datos y hechos resaltantes, orientados por José Martí y su afirmación "La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas de acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria” (Nuestra América), reafirmamos la diferenciación ya expuesta por Quijano y Wallerstein, entre la América latina, de la América sajona, no solo por quienes le colonizaron, sino también por las poblaciones prehispánicas que aun sometidas, dejaron tradiciones, costumbres y epistemes, en una carga “genética” que aun “recesiva”, no tarda en reemerger a la primera oportunidad en que los mecanismos de dominación son rebasados, sea por las contradicciones y crisis de un modelo insostenible, o por los ánimos “levantiscos” e irreverentes, de aquellos a los que Ernesto Guevara en su discurso ante la Organización de Naciones Unidas (1964) llamara “los pobres de la tierra”… al describir “Ahora sí la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia” quizás con el apuro de anticiparse a algún historiador bien intencionado. A esa conducta levantisca, el subcomandante Marcos denomina “Bolsas de resistencia” en contraposición a las “Bolsas de valores” en su obra “7 Piezas Sueltas Del Rompecabezas Mundial”.
América continente.
América, partiendo de los conceptos básicos de geografía, es en principio un continente, a saber, una masa de tierra en el planeta tierra, pero este continente cuenta con algunos elementos singulares, y especialmente resaltantes. Superada en extensión, por poco, solo por Asía, es el segundo continente más grande del planeta, Asia cuenta con unos 44 millones de kilómetros cuadrados, mientras que América tiene un poco más de 43 millones (30,2 % del planeta), esto es muy llamativo, pues la gran diferencia entre estos dos continentes radica en la población, que es proporcionalmente 4 a 1, Asia con unos 4 mil millones de habitantes es, por mucho, el continente más poblado, mientras América, considerando su extensión territorial, es un continente con baja concentración poblacional, 12% de los habitantes del planeta en un continente que representa poco más del 30% de las tierras emergidas del planeta.
América es el único de los continentes que se extiende de norte a sur con ninguna separación del Ártico y muy poca del Antártico. Delimitado sí, por dos grandes océanos, el Atlántico al este y el Pacífico al oeste, que le separan de manera “abismal” de Eurasia, África y Oceanía, mientras que la separación entre Europa y Asia es prácticamente arbitraria, así África y Europa, o Asía y África están separadas por muy poco, “a la vista” el uno del otro.
América fue poblada desde Asia oriental y evolucionó durante miles de años sin tener contacto con otros continentes, estableciéndose diversas culturas en su territorio y generando sus propias revoluciones neolíticas. La llegada de los europeos a finales del siglo XV, significó el fin de unos 50 mil años de “soledad” de estas culturas.
En sus conferencias E. Dussel no duda en afirmar que las primeras oleadas de migración humana, llegaron hace más de 50 mil años, con ello se hace parte de quienes confrontan la idea del “poblamiento tardío”.
Algunos historiadores sostienen que la colonización vikinga en América fue la primera proveniente del actual territorio europeo, aunque existen teorías que sostienen presencia anterior, Erik el Rojo habría establecido las primeras colonias en Groenlandia en el año 985. Su hijo, Leif Eriksson habría establecido colonias en la actual Terranova alrededor del año 1000, las que finalmente desaparecerían con el pasar de los años.
Esta descripción de cómo fue poblada América, hasta llegar a contar con unos cien millones de habitantes, están orientada a fundamentar lo que bien podría llamarse la mayor operación de ingeniería social en la historia de la humanidad, consistente en el exterminio en poco menos de trescientos años de más de cien millones de seres humanos, y el traslado de una cifra similar (100 millones), de seres humanos esclavizados, desde el continente africano al “Nuevo mundo”. No se detienen Quijano y Wallerstein en estos detalles, evidentemente se ocupan de desarrollar una línea argumentativa centrada en el papel de América en la propia aparición del sistema capitalista.
Moderno sistema mundial.
Navegamos rápidamente por los datos geográficos y poblacionales para profundizar unas, o dar un enfoque particular a atrás afirmaciones de Quijano y Wallerstein, pero también para tomar distancia de otras. De los datos anteriores se deriva como evidencia irrebatible, que en efecto América representa una tan sorpresiva y repentina, como oportuna posibilidad de expansión del naciente sistema capitalista, en un momento decisivo, en plena alborada de la fase mercantil más intensa, haciendo buena la afirmación de Quijano y Wallerstein, al citar la obra de este último (El Moderno Sistema Mundial) “para el establecimiento de tal economía mundo capitalista fueron esenciales tres cosas: una expansión del volumen greográfíco del mundo en cuestión, el desarrollo de variados métodos de control del trabajo para diferentes productos y zonas de economía-mundo, y la creación de aparatos de Estado relativamente fuertes en lo que posteriormente se convertirían en Estados del centro de esta economía-mundo capitalista”.
Ahora bien, esa expansión en términos de territorio, representa una posibilidad real de expansión de mercados, Quijano y Wallerstein no dudan en enfatizar como fue diezmada la población indígena, unos 100 millones de habitantes, que fueron prácticamente sustituidos por otros 100 millones de esclavos trasladados de África a América, como afirmamos antes. “En América, sin embargo, hubo una destrucción tan vasta de las poblaciones indígenas y una importación tan abundante de mano de obra, que el proceso de periferización generó menos una reconstrucción de instituciones políticas y económicas, que su construcción”, los datos antes indicados sobre la población, aun imprecisos, confirman que el papel inicial del continente será el de fuente de recursos y riquezas, a ser trasladadas de manera rápida y expedita a Europa, y solo mucho después, mercado de producción y consumo de bienes. El triángulo del “Maafa” (holocausto en Swahili), consistió en trasladar bienes a África para pagar a los gobernantes y comerciantes por la entrega de cautivos, trasladar a los cautivos a América para transformarlos en esclavizados, trasladar los productos del trabajo de los esclavizados a Europa y en cada paso obtener ingentes ganancias.
“América fue esencial para las primeras dos de estas tres necesidades. Ofrecieron espacio y constituyeron el locus y el primer terreno experimental de los «variados métodos de control del trabajo»”, se explica entonces la temprana y singular implementación de un modelo esclavista masivo, como mecanismo acelerador de la concentración de capital, detonante del desarrollo tecnológico y expansivo en términos territoriales. Las contradicciones que este modelo le heredarán a las repúblicas que surgirían después, serán fuerza motriz tanto de la gesta independentista misma, como de frecuentes rebeliones y levantamientos, ya a finales de 1700, valga mencionar la independencia de Haití como un indicador de este argumento, distinta en todos los sentidos a la de los Estado Unidos con sus primeras trece colonias.
El papel que deparan al continente americano Quijano y Wallerstein, partiendo de su caracterización del Nuevo mundo se refleja al afirmar “¿En qué consistía esta «novedad»? Las novedades fueron cuatro, una pegada a la otra: colonialidad, etnicidad, racismo y el concepto de la novedad misma”, sobre este último explican “Esto nos lleva a la cuarta contribución de la americanidad, la deificación y la reificación de la novedad, ella misma un derivado de la fe en la ciencia, la cual es un pilar de la modernidad. El Nuevo Mundo era nuevo, esto es, no viejo, no atado a la tradición feudal del pasado, al privilegio, a las maneras anticuadas de hacer las cosas. Cualquier cosa que fuera «nueva» y más «moderna» era mejor. Más aún, todo era presentado siempre como nuevo. Puesto que el valor de la profundidad histórica fue moralmente denigrado, su uso como herramienta analítica fue igualmente desechado.”, pero como “Nuevo mundo”, omiten o minimizan el papel que pudieran tener o llegar a tener las antiguas culturas, costumbres y tradiciones, roto el hechizo de los 50 mil años de soledad, los últimos quinientos parecieran toda la historia, es de alguna manera similar a la idea del “fin de la historia”, solo que para estos efectos es una América “sin pasado”.
El presente apunta a cuál futuro.
Quijano y Wallerstein arrojan luces sobre el futuro al afirmar “Las Américas se preparan a ingresar en el siglo XXI casi con las mismas desigualdades que en el siglo XIX. Pero a diferencia de entonces, no lo harán ni separadas, ni por caminos diferentes, sino como partes de un mismo orden mundial en el cual Estados Unidos ocupa, aún, el lugar primado, y América Latina, un lugar subordinado y está afectada por la crisis más grave de su historia postcolonial.” se puede confirmar que así como la colonización se tradujo en el saqueo sin precedentes de todo un continente, estos puentes tendidos que han unido al mundo en la “moderna esclavitud de los mercados”, también han unido el destino de los “pobres del mundo”. La relación centro periferia, tiene como interés central, que los lazos, los puentes y los vínculos mismos se establezcan exclusivamente en el sentido y dirección periferia-centro, pero resulta inevitable el progresivo establecimiento de relaciones periferia-periferia, de las que se derivarían nuevos hechos transformadores o revolucionarios, para Quijano y Wallerstein “En América Latina, la persistencia del imaginario aborigen bajo las condiciones de la dominación, ha fundado la utopía de la reciprocidad, de la solidaridad social y de la democracia directa. Y bajo la crisis presente, una parte de los dominados se organiza en torno de esas relaciones, dentro del marco general del mercado capitalista”.
Para concluir afirman Quijano y Wallerstein “Tarde o tempano, esas utopías americanas se encontrarán para formar y ofrecer al mundo la específica utopía americana: La migración de pueblos y de culturas entre las Américas y la gradual integración de todas ellas en un único marco de poder, es o puede ser uno de sus vehículos más eficaces.” Hasta aquí se atreven, pero tendríamos que empujar un poco más allá con las utopías, si el Libertador Simón Bolívar en su momento concluyó que la independencia de Venezuela estaba íntimamente ligada a la independencia del resto de Suramérica, aventuramos afirmar que hoy, no podrá haber ruptura de las relaciones de dominación centro periferia, de modo parcial, aun progresiva, esta ruptura no puede permitirse dejar rastros de ese modelo, so pena de tan solo sustituir o modificar el polo magnético de ese centro, y en todo ello América tiene un papel decisivo que jugar, por su extensión, inmensas reservas de materia prima, por ser fuente de abundante de agua y por su gigantesca Amazonía, y porque aun acercada al resto del mundo por las nuevas tecnologías, llega al último a una lucha desigual con todo ello a cuesta.

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