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▷Soberbia humana e inteligencia artificial✔

Rúkleman Soto
Rúkleman Soto 2002 Centro de Acopio Lagunera de la Montaña

▷Soberbia humana e inteligencia artificial✔

La inteligencia, esa facultad esquiva que nos empeñamos en definir y poseer en exclusiva, se ha convertido en el centro de un nuevo y paradójico debate en la era de las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

Nos ocupa una reflexión necesaria: antes de maravillarnos por los prodigios de la inteligencia artificial, deberíamos cuestionar la naturaleza limitada y arrogante de nuestra propia concepción de la inteligencia. Lo que creemos el pináculo del ingenio humano es un artilugio de nuestra soberbia, un espejismo que impide reconocer otras formas de inteligencia, mucho más antiguas y complejas.

En el núcleo de esta discusión yace un profundo antropocentrismo, como señala el Alejandro Herrera Ibáñez, "hemos padecido por mucho tiempo de un antropocentrismo; pensamos que la ética fue creada por el ser humano únicamente para él y para sus semejantes y es válida sólo entre ellos".

Con una arrogancia casi teológica, damos por descontado que la única inteligencia digna de tal nombre es la humana, o una derivada de esta y creada a nuestra imagen y semejanza. Esta premisa, sin embargo, es engañosa, esta "inteligencia humana" que ensalzamos no es universal, sino una construcción cultural que se corresponde, con sospechosa exactitud, con el modelo civilizatorio occidental y moderno.

El pensador boliviano Juan José Bautista, discípulo de Enrique Dussel y Franz Hinkelammert, ha desarrollado una crítica profunda a esta pretensión universalista de la racionalidad moderna. En su obra Hacia una crítica-ética de la racionalidad moderna, Bautista sostiene que "la ciencia social y la filosofía que había producido la modernidad no permitían entender problemas andinos, que era lo que queríamos trabajar nosotros", esta observación resulta crucial para nuestro análisis: así como la racionalidad moderna resultaba insuficiente para comprender el mundo andino, resulta igualmente limitada para reconocer otras formas de inteligencia distintas a la humana.

La inteligencia que ensalzamos valora la lógica formal, la resolución de problemas técnicos y la capacidad de transformar el entorno, mientras desprecia otras formas de conocimiento y adaptación. Esta visión sesgada nos lleva a absurdos epistemológicos como dudar de la capacidad de los antiguos egipcios para erigir las pirámides, atribuyendo su construcción a una inteligencia externa, extraterrestre, precisamente porque no encaja con la imagen que tenemos de lo que una civilización "inteligente" debería ser y hacer.

La incapacidad de reconocer la inteligencia entre las distintas formas de vida, es la misma que nos impide ver el tipo de inteligencia que late en las alas de un ave o en la estructura de una colmena. La investigadora Micaela Anzoátegui, al analizar el antropocentrismo como problema contemporáneo, identifica lo que denomina "sesgo epistemológico antropocéntrico que opera en la investigación, educación y metodología", este sesgo impide comprender que, como advierte Bautista, "cualquier cultura o civilización produce no solamente su concepción de espacio, sino su concepción de tiempo"; del mismo modo, cualquier forma de vida produce su propia inteligencia, su propia manera de conocer y habitar el mundo.

En este contexto, el desarrollo de la inteligencia artificial no representa una ruptura epistemológica, sino la culminación de esta soberbia. Es el intento definitivo de crear una inteligencia a imagen y semejanza de la modernidad, despojada de las "imperfecciones" biológicas y, crucialmente, de cualquier vínculo con el mundo natural del que provenimos, y sobre todo de cualquier mundo no antropocéntrico, patriarcal, blanco, capitalista, judeocristiano.

Creemos estar ante un nuevo enigma, un horizonte de posibilidades insospechadas, cuando en realidad estamos ante otro artilugio de la inteligencia-soberbia humana, la soberbia de creer que podemos replicar el fenómeno más complejo del universo conocido con silicio y algoritmos, mientras menospreciamos la inteligencia que hace parte de cada ser vivo.

La reflexión de Bautista sobre la relación con la naturaleza resulta particularmente luminosa: "Hasta el día de hoy la naturaleza no es cosa ni objeto, es sujeto, es madre. Pero Europa, en este caso el capitalismo, necesitaba desde el principio convertirla en objeto; entre los medievales latinos la naturaleza era terra mater: madre tierra; siempre digo, antes de la modernidad toda la humanidad concebía a la naturaleza en términos de sujeto, solamente la modernidad se le ocurre concebirla como objeto, necesita eso para convertirla en mercancía" como mercancía pretende hacer de la inteligencia hoy. Esta conversión de la naturaleza en objeto es la misma operación que nos impide reconocer la inteligencia en las aves, en los bosques, en los ecosistemas. Si la naturaleza es mero objeto, no puede albergar inteligencia alguna; si es madre, su sabiduría es de orden inmediato, intrínseco.

La metáfora del ave es, en este sentido, demoledoramente hermosa, al observar su vuelo, una mirada tecnocientífica solo ve plumas y alas, la estructura física y mecánica. Asumimos que la inteligencia, si la hubiera, residiría en un cerebro similar al nuestro, procesando información para controlar esos apéndices. Hay una inteligencia en la propia levedad del hueso, en la disposición aerodinámica de cada pluma, en la capacidad de sentir las corrientes térmicas, en la sabiduría migratoria inscrita en sus genes durante milenios, es una inteligencia que no pasa por nuestro concepto de razonamiento, pero que es, sin duda, una forma de conocimiento profundo y adaptativo.

Bautista plantea una distinción epistemológica fundamental que puede aplicarse a esta discusión: "La ciencia moderna no pregunta, interroga. Y cuando digo interroga, se coloca a la situación del conocimiento como la situación entre el policía y el acusado" esta lógica interrogativa, que busca respuestas forzadas desde una posición de poder, contrasta con otras formas de relacionarse con el conocimiento y con el mundo. La inteligencia artificial participa de esta misma lógica: interroga datos, extrae patrones, produce respuestas, pero no dialoga con el mundo ni lo comprende desde su interioridad, para empezar no es parte de ese mundo, o lo es solo en cuanto lo es de lo humano.

Reflexionando, la fascinación por la inteligencia artificial debería servirnos, ante todo, como un espejo para mirarnos a nosotros mismos y reconocer los límites de nuestra propia visión. Si no somos capaces de valorar y comprender las inteligencias naturales que nos rodean —la de los animales, la de los ecosistemas, la que nuestros propios antepasados desplegaron para construir monumentos que aún hoy nos asombran—, ¿Qué nos hace pensar que sabremos relacionarnos de forma ética y sabia con una inteligencia de nuestra propia creación? Como advierte Herrera Ibáñez, necesitamos "ampliar nuestro círculo de consideración moral y expandir sus alcances más allá de los límites de la propia existencia del ser humano".

La IA no es tanto un logro supremo como una advertencia: mientras nos enorgullecemos de crear inteligencias artificiales, corremos el riesgo de atrofiar nuestra capacidad para reconocer y aprender de la inteligencia natural y que, en esencia, nos sostiene. El verdadero desafío es, quizás, crear una mente nueva, así como aprender a ver, por fin, las que siempre han estado ahí.

Referencias
Anzoátegui, M. (2021). La noche del antropocentrismo: continuidad evolutiva vs. excepcionalidad humana [Tesis de doctorado, Universidad Nacional de La Plata].
Bautista S., J. J. (2013). Hacia una crítica-ética de la racionalidad moderna. Rincón Ediciones.
Herrera Ibáñez, A. (2018). Nada vivo nos es ajeno. En P. Rivero-Weber (Ed.), Zooética. Una mirada filosófica a los animales (pp. 44-55).
Landa, R. (2016). Juan José Bautista Segales: Pensamiento crítico, política y transmodernidad en América Latina. Humanidad en Red. https://elciervoherido.wordpress.com/2016/11/21/juan-jose-bautista-segales-pensamiento-critico-politica-y-transmodernidad-en-a-l-roger-landa/



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